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24h CONMIGO

Afirma Roland Barthes en su obra Cámara Lucida que “toda fotografía es un certificado de presencia”. Es una afirmación de existencia, un instante que permanece en el tiempo y que empuja a cuestionar: quién/qué cosa, dónde, cuándo, cómo, y por qué. Pero con el autoretrato el fotógrafo no solo afirma su presencia, si no que, rompiendo la barrera de quedarse escondido detrás de su cámara, investiga su identidad como fotógrafo y como persona. No solo quiere cuestionar al espectador, si no que también se cuestiona asimismo. Quienes somos, cómo nos representamos, con qué nos identificamos, cómo queremos que nos vean. El fotógrafo se transforma en el sujeto de sus fotos, es uno más entre las personas que suele retratar. Se incluye en una comunidad como ser humano, buscando su identidad a través de gestos, hechos o situaciones cotidianas, pequeños instantes, a menudo subestimados, pero que forman parte de su vida y dentro de los cuales muchas otras personas se pueden reconocer.

El autoretrato en acciones cotidianas es la búsqueda de una cierta identidad individual y, al mismo tiempo,  de otra identidad paralela dentro de una comunidad a la que el fotógrafo pertenece y dentro de la cual se pueden reconocer así mismos los espectadores.